La discusión sobre la ampliación del subsidio al dividendo está en la palestra y las razones son varias: Nuestro Estudio de Expectativas y Educación Financiera arrojó que el 68,1% de las personas encuestadas considera que hoy es un buen momento para comprar y 69,2% ve probable solicitar un crédito hipotecario en los próximos 12 meses.
Y lo más relevante aún: la postergación de compra cayó de 20,7% a 6,3% en seis meses, una caída inusual que refleja una reactivación mucho más rápida de lo previsto.
Este giro en el comportamiento no ocurrió en el vacío. La baja de tasas y, especialmente, el subsidio al dividendo han sido el catalizador.
Una política que cambió el ánimo del mercado
El ministro Carlos Montes, en entrevista con El Mercurio definió como “espectacular” el impacto del subsidio y destacó que el sistema financiero recibió 33.798 solicitudes de crédito con subsidio, de las cuales 17.926 ya fueron aprobadas.
Pero aquí es donde vale la pena mirar el dato con lupa. Estas cifras no representan personas únicas. Una misma persona puede pedir evaluación en dos, tres o más instituciones financieras para aumentar sus probabilidades de aprobación.
Entonces, ¿cuántas personas están realmente listas para avanzar?
Si el promedio fuera 2 bancos por solicitante, las 17.926 aprobaciones equivaldrían a unas 9.000 personas únicas.
Si el promedio fuera 3 bancos, serían aproximadamente 6.000 personas únicas.
Los datos muestran interés, sí, pero deben leerse con cautela. El único número que realmente indica movimiento efectivo es el de créditos cursados: 7.898.
Para dimensionar con precisión la demanda real de hogares, sería ideal conocer dos métricas clave:
- Personas únicas evaluadas.
- Tasa de conversión desde aprobación a cursado.
Porque, aunque el subsidio al dividendo ha sido un empujón importante -devolvió confianza, reactivó la competencia bancaria y aceleró decisiones de compra- no elimina las brechas estructurales que están en la base del acceso: ingresos bajos, ahorro insuficiente y criterios crediticios que siguen siendo restrictivos.
El desafío no está en tener más solicitudes, sino en convertir solicitudes en escrituras reales. Y para eso se necesita crecimiento económico, estabilidad y políticas que fortalezcan el ahorro y la educación financiera.
Un impulso necesario… pero transitorio
Es positivo que este programa sea transitorio. Ese es justamente su objetivo: impulsar el mercado en un momento de desaceleración. Y, según las cifras, se está logrando.
Pero… ¿qué viene después?
La experiencia reciente es un buen recordatorio. Cuando entró en vigencia la ley del IVA a la vivienda, el mercado vivió un boom de ventas que se desplomó inmediatamente después. El riesgo hoy es similar: que el dinamismo actual dependa demasiado de un subsidio que, por diseño, tiene fecha de término.
En el corto plazo, el subsidio al dividendo es una gran noticia: mueve la aguja, reactiva proyectos, devuelve confianza y da aire a la industria.
Pero a largo plazo persiste el desafío de fondo: cómo generar condiciones estables y sostenibles de acceso a la vivienda, sin que el mercado se vuelva “adicto” a la ayuda estatal.
El debate que realmente importa
La discusión no es si el subsidio funciona. Funciona, y los datos lo prueban. La discusión es si estamos construyendo un sistema capaz de sostener el acceso cuando el subsidio deje de existir.
Eso implica avanzar en soluciones que combinen lo público y lo privado:
- Mecanismos de ahorro más robustos,
- Programas de educación financiera,
- Modelos de arriendo con opción de compra,
- Incentivos para la oferta en segmentos donde hoy no es rentable construir,
- Y criterios crediticios que reconozcan trayectorias reales de pago.
El subsidio cumple su rol de corto plazo. Lo que falta es asegurar que, cuando se retire, el mercado siga avanzando.
Porque el desafío final es uno: construir un sistema habitacional sostenible, inclusivo y capaz de ofrecer acceso real a las familias, más allá de los incentivos transitorios.
Por Sergio Barros, Director Ejecutivo, Enlace Inmobiliario


